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18.11.2009

Por qué fumar

No sé si vieron el debate presidencial de ayer, donde salió el tema de si es más peligroso el tabaco o la marihuana. Al parecer está de moda en las agendas periodísticas, porque hoy el diario español ABC publica que en España, muere una persona cada diez minutos por causa del tabaco. No les voy […]

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No sé si vieron el debate presidencial de ayer, donde salió el tema de si es más peligroso el tabaco o la marihuana. Al parecer está de moda en las agendas periodísticas, porque hoy el diario español ABC publica que en España, muere una persona cada diez minutos por causa del tabaco.
No les voy a dar la lata de que el tabaco las matará, les arrugará la piel a la velocidad de la luz, etc, etc; más bien me gustaría saber la experiencia que tienen con ambas sustancias.
En mi caso, la marihuana nunca fue tema. Nací más bien perna y extremadamente sensible, así es que para escribir buenos artículos nunca necesité fumarme nada, caía y caigo en “mi zona” con una facilidad fascinante, guiada sólo por la canción favorita de turno. Recuerdo que vivía en una pensión de estudiantes cuando estaba en el primer año de mi U y convivía con varios estudiantes de arquitectura, quienes me contaban que sin un buen pito las maquetas no salían. Y yo, enferma de pava, me encerraba con un incienso, una vela y mis audífonos, que aún me acompañan, a hacer mis reportajes top :). En el fondo tal vez le tenía susto, encontraba que andar arriesgándose a sentir sensaciones “elevadas” gracias a una aspirada era un poco freak, más aún cuando creía que yo sentía cosas alucinantes pero sólo con mis sentidos bien puestos. Recuerdo que hasta tuve un pololo del terror (igual era buena onda :), que se lo fumaba todo, y jamás me ofreció porque sabía que yo no estaba ni ahí (actitud que agradezco). Pero su amor me sirvió para conocer los rituales y los comportamientos de los jóvenes que acostumbran a fumar.
En cuanto al cigarro, en la U a veces me fumaba uno que otro, lo encontraba cool. Después lo dejé por completo y cuando trabajé en una revista internacional me los fumé todos porque era necesario acompañar los café de la mañana. Pero como no tengo el gen de la adicción, nunca enganché y lo dejaba cuando quería. De hecho, el otro día, haciendo la entrevista de la portada de nuestra segunda chilena (¡adivinen quién es! jeje) me fumé como tres cigarros hablando de la vida con esta divertida mujer. Y aparte de marearme un poco por la falta de costumbre, no pasó mucho más. Eso sí, asumo que cuando estoy muy nerviosa o he estado esperando que algo resulte por mucho tiempo, cuando finalmente las cosas pasan me sentaría feliz a tomarme una copa de champaña con una amiga, y un cigarrito de por medio (cosa que nos pasó con Carola Muñoz al terminar de fotografiar la portada de diciembre).
Pero que hace mal, hace mal. Y espero que por un tema de salud ojalá ninguna de ustedes lo tenga como vicio diario. Aunque para ser sincera, creo tanto en la libertad individual que si son felices con una cajetilla diaria, todo bien.
Lo que sí me cuestiono, más allá de la libertad de cada una de escoger o no fumar, es el acto mismo de autodestrucción que siento que todas estas cosas llevan implícitas. No sé, capaz que no, sólo me dio vueltas en la cabeza…
¿Fuman? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué les da el cigarro que no puedan obtener de otra manera?
xoxo

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