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06.11.2009

Realidad y ficción

Ayer estuve en un evento y por casualidad me tocó estar un rato al lado de Francisca Imboden. Ella es muy simpática, relajada y divertida, tanto que ni se inmutó cuando una señora interrumpió nuestra amena conversación para decirle en secreto que “perdonara a Ignacio” ¡Plop! (para los que no vieron ¿Donde esta Elisa?, Ignacio, […]

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Ayer estuve en un evento y por casualidad me tocó estar un rato al lado de Francisca Imboden. Ella es muy simpática, relajada y divertida, tanto que ni se inmutó cuando una señora interrumpió nuestra amena conversación para decirle en secreto que “perdonara a Ignacio” ¡Plop! (para los que no vieron ¿Donde esta Elisa?, Ignacio, su marido en la teleserie, era gay)… Francisca le sonrió como agradeciendo el consejo mientras nosotros nos reímos a gritos de semejante situación, preguntándonos cómo alguien puede estar tan involucrado para tener la necesidad de decir algo así. Me acordé que en el diario leí que a la actriz Paola Volpato la persiguió por cuadras una señora para decirle que su marido tenía secuestrada a Elisa, (¡insólito!) y que cuando fotografiamos a Montserrat Prat (Elisa) nos contó que un señor la había parado en la calle para decirle que ella no debería salir porque era muy raro verla dando vueltas como si nada. Monserrat rió:”¿Se imaginan? Yo obligada a estar encerrada durante todo el rato que dura la teleserie”.
Debo reconocer que a veces me involucro bastante con lo que veo en la tele o en el cine, hay cosas que me enojan, otras me dan mucha risa y otras me hacen llorar por horas, pero es porque alteran un poco mis sentimientos, ¡no porque crea que realmente pasan! A los actores, por el otro lado, lo que más parece costarles, es aceptar cuando les hablan tanto del rol como de su persona. Francisca recordó que una vez en el supermercado un señor, después de felicitarla por lo buena actriz que era y ella agradecerle, le dijo como si nada: “tu marido es gay”… y se fue. Ella cuenta que quedó ¿ah? y que después de darle una vuelta logró entender a qué se había referido realmente. Porque antes de percatarse se puso a pensar “pero… si mi marido no es gay”.
Parece que para muchos es difícil separar los personajes de las personas reales, y yo, por más que trato, no entiendo mucho por qué, quizas alguna de ustedes sí 🙂
Besos,
Caro.

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