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26.05.2012

Sello K: Hormonas vs Empatía, me enamoro de ti

Hay dos formas de enamorarse. Con las hormonas por delante o con la empatía. La primera es lo que llamamos “amor a primera vista”, cuando tus ojos se posan sobre esa persona y la atracción física te hace volver a sentir ese hormigueo cuando eras niños y te despertabas dándote cuenta de que era navidad. […]

Sello K: Hormonas vs Empatía, me enamoro de ti

Hay dos formas de enamorarse. Con las hormonas por delante o con la empatía. La primera es lo que llamamos “amor a primera vista”, cuando tus ojos se posan sobre esa persona y la atracción física te hace volver a sentir ese hormigueo cuando eras niños y te despertabas dándote cuenta de que era navidad. Es el enamoramiento “carretilla” porque requiere de prácticamente cero esfuerzo, porque los químicos que hacen que tu corazón se acelere actúan como caballos tirando el carruaje que te sostiene a ti.

En general es el amor de cuando somos jóvenes. Porque aún no teníamos mañas y cualquier comportamiento de la otra u el otro que nos molestara, bueno, nos adecuábamos. El físico y la atracción estaban primero, era la primera piedra de la construcción. Por eso cuando nos preguntaban “y qué te gusta de la otra?” uno respondía “ehh no sé, pero me encanta”. Cosa que no faltaba a la verdad, pero pucha que era inocua.

Hoy, prefiero el enamorarse por empatía. Ese al que llaman “amor maduro”. Porque independiente de que te atraiga con fervor, la otra persona crea un ambiente perfecto para la prosperidad de la relación. Hay una forma muy fácil de saber si te sientes o no cómoda o cómodo: súbete al auto, maneja 100 kilómetros y si no hay necesidad de hablar, ¡felicitaciones!. Pareciera ser que has encontrado algo que se podría llegar a convertir en esas relaciones que todos envidiamos. Esas parejas que miramos en los restaurantes, aquellas donde están los dos solos y hablan como si se estuvieran conociendo y se ríen como si fuese la primera vez que se cuentan un chiste.

En cambio los hormonales, esos que están sentados al lado en el mismo restaurante, esos que miran sus celulares porque no saben qué hacer o qué decir, esos que te hacen pensar “me muero si llego a estar así con mi pareja”, esos que se les vació el estanque hormonal y que no queda más que dos caballos muertos y una carretilla al lado del camino. Y tú, ¿cómo te vas a enamorar?

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