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15.06.2012

¿Cuánto les mentimos?

Sábado por la mañana, Alto Las Condes, tienda Zara. Una rucia alta se pierde entre los pasillos y lleva el máximo de prendas al probador. Si todo sale bien, llevará los modelitos en varios colores porque “para que vas a peder el tiempo, si te queda bien cómpralo al tiro en diferentes tonos”, es la […]

¿Cuánto les mentimos?

Sábado por la mañana, Alto Las Condes, tienda Zara. Una rucia alta se pierde entre los pasillos y lleva el máximo de prendas al probador. Si todo sale bien, llevará los modelitos en varios colores porque “para que vas a peder el tiempo, si te queda bien cómpralo al tiro en diferentes tonos”, es la máxima que Macarena me grita desde la caja. Salimos rumbo al café con sendas bolsas en las manos, y entonces comienza su preocupación: “Mmmm el gordo llega a almorzar, voy a tener que guardar todo en el auto”. “¡¿Qué?!”, le respondo. Si es su plata, que ganó con su pega, a quién le importa en qué la gastó?! (o es muy tonto lo que estoy diciendo?).

Ella se echa reír ante mi feminismo acérrimo, y me asegura que no se trata de miedo, sino simplemente de ahorrarse un problema, y así cuando él no esté, bajará rápidamente el botín,  le quitará las etiquetas y colgará sus tesoros en el clóset. Si por algún motivo, él llegara a darse cuenta de que ese vestido no lo había visto antes, ella responde: “noooo, me lo compré hace un montón de tiempo”.

Son mentirillas blancas, que te salvan el pellejo, pero en cosas que no son graves. Como cuando te llama el tipo que te encanta y te pregunta: “¿qué hiciste ayer?”. “Ufff salí con una amigas y los pasamos increíble”. ¡Claro! imposible confesar que te quedaste viendo Primer Plano sola y comiendo helado. La Claudia siempre le saca celos al pololo cuando sale conmigo. Cuándo él le pregunta si nos “jotearon” ella, una y otra vez, le contesta: “Siempre, amor… se quisieron sentar en la mesa pero no pescamos”. La verdad es que ni una mosca se acercó por la noche.  Pero la Claudia insiste en que lo importante es que él se crea el cuento y asegura que eso lo mantiene atento en la relación y que le asegura buen sexo. ¿Será?’

Lo cierto es que estas mentiras, me parecen más toques de astucia, que otra cosa. Eso sí hay que tener cuidado. La prima de la Maca estaba enamoradísima de un tipo, pero no pasaba de ser un amigo con ventajas. Además sabía que salía con alguien más y en su desesperación puso en práctica el plan B: le inventaba que había salido con un amigo del colegio, que el compañero de trabajo moría por  ella y así muchos más, hasta que un día, el campeón picó y formó no sólo pareja, sino familia con ella. El problema fue que tanto había mentido la Coté, que ya no se acordaba de todo, al contrario de él que tenía memoria de elefante y más de un mal rato pasaron porque se encontraban con esos “supuestos pinches” y a él le faltaba poco para pegarle.Ufff.

Por eso chicas, elijan su frase: para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado, o una mentira dicha tres veces ya es verdad.

Si quieren seguirme por Twitter @Paula_Aviles

 

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