Cerrar
Email WhatsApp Compartido por 0 personas
02.06.2010

Perdonar a una amiga

En el último tiempo, he estado pensando mucho en una antigua amiga. La veo recurrentemente en mis sueños y a veces me pregunto cómo estará. El tema es que esta amiga me jugó chueco varios años atrás con el común y traicionero triángulo amoroso. Lo peor, fue que ella hizo todo a escondidas, metiéndose con […]

predonar-amigas.gif
En el último tiempo, he estado pensando mucho en una antigua amiga. La veo recurrentemente en mis sueños y a veces me pregunto cómo estará. El tema es que esta amiga me jugó chueco varios años atrás con el común y traicionero triángulo amoroso. Lo peor, fue que ella hizo todo a escondidas, metiéndose con el hombre que me gustaba y actuando como si nada sucediera. Y yo, por mientras, muy ingenua seguía creyendo que podía llegar a algo con el tipo en cuestión (porque el muy cara dura seguía coquetéandome), ya que no me enteré del pololeo secreto hasta que un tercero se apiadó de mí. Fue muy triste el golpe de darme cuenta que me había traicionado. Eramos íntimas, uña y mugre, como dicen, cada vez que estábamos juntas nos reíamos a más no poder, nos juntábamos a comer sushi y nuestras tardes eran mil veces más entretenidas cuando estábamos juntas. Nunca pensé nada malo de ella. Confiaba 100% en su amistad. Pero luego la decepción y el silencio congelaron nuestra relación y nos fuimos lentamente a pique.
Un año después, cuál sería mi sorpresa al recibir una llamada suya. Quería que nos juntáramos y que tuviéramos la oportunidad de conversar sobre lo sucedido. A esas alturas, yo la había perdonado, había seguido adelante con mi vida y no había pensado mucho en ella, a decir verdad. Así es que accedí, y ella contó su lado de la historia, me pidió perdón e incluso me preguntó si podíamos volver a ser amigas. Yo no estaba tan segura. Después de todo, si una vez me había clavado un cuchillo en la espalda, ¿quién me aseguraba que no lo volvería a hacer? Sentía cierto recelo al permitirle entrar en mi vida nuevamente. Era como si estuviera pisando sobre huevos, me gustó hablar esa vez con ella, pero otra cosa muy distinta era integrarla a mi día a día. Quedamos de juntarnos una vez más, pero luego yo no pude asistir y ella, al creer que había inventado una excusa para no ir, me envió un mail preguntándone si efectivamente armé un cuento para no juntarme con ella y si quería volver o no a ser su amiga. No le respondí ese mail.
Les cuento esto, porque ya han pasado tres años  y, curiosamente, me encuentro pensando mucho en ella. No sé por qué se me aparece tanto en los sueños ni siento que de repente, un día cualquiera, me la voy a topar en el metro, cerca de la universidad, por la calle. Me extraña, porque yo sigo dudando si realmente quiero dejarla entrar. Estoy muy feliz con mi vida, ¿entonces para qué volver a confiar en alguien que una vez me traicionó? O quizás no quiera volver a confiar, quizás sólo quiero verla, saber cómo está su vida, conversar un rato, ¿sería raro?

Les cuento esta historia tan personal para ver si alguien ha estado en las mismas y me pueda contar su experiencia y cómo la enfrentó.
¡Todo consejo es bienvenido!

Que tengan un día grandioso 🙂
Andrea

Comenta este post

cerrar