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08.09.2010

Sello K: Mujeres, el misterio más dulce

Antes que todo, les pido perdón. Es que los hombres somos tan brutos. Dos mil años compartiendo con ustedes la Tierra, fueron moldeadas de nuestra propia costilla, Ricardo Arjona nos ha inundado de melosas letras y aún así, ustedes mujeres, continúan siendo un misterio para nosotros. Algunas veces me pregunto si la evolución o Dios […]

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Antes que todo, les pido perdón. Es que los hombres somos tan brutos. Dos mil años compartiendo con ustedes la Tierra, fueron moldeadas de nuestra propia costilla, Ricardo Arjona nos ha inundado de melosas letras y aún así, ustedes mujeres, continúan siendo un misterio para nosotros.

Algunas veces me pregunto si la evolución o Dios nos privó de un gen o anuló alguna neurona esencial para comprender su forma de actuar. No es que sean ilógicas o ilegibles… es mucho peor. Se comportan normalmente y nos comunicamos inclusive, pero cuando pensamos que todo va bien, que todo está en orden… ¡Puf! ¡Bam¡ ¡Kaboom! Al más estilo Batman de los ’60 nos golpean con conductas que no son ni raras, ni especiales ni nada, sólo que NO PODEMOS computarlas. Así de simple.

Porque no hay respuesta correcta cuando tu mujer te pregunta: “¿cómo me veo?”. Un “bien” es excusa para decir que eres un insensible, un “normal” es suficiente para que te corten el agua, incluso un “increíble, sensacional” no es suficiente porque crea dudas acerca de tu sinceridad. Que no somos lo suficientemente sensibles, que no nos conectamos con nuestro lado femenino o que somos fríos como piedra. Pero basta que nos emocionemos cinco lágrimas de más durante una película y ustedes se sienten incómodas con un hombre que llore más que ustedes.

¿Qué te pasa?.

–Nada.

–Ah ok. El infierno se destapa y el sol se ennegrece. ¿Cómo fui tan imberbe, niño, insensible, pendejo, inconsciente de no adivinar lo que le sucedía?

“Estamos sacando ponchera ¿ah?” o “con ese rollo no necesitas flotador”, son algunas de las frases que he escuchado cuando disfrutamos de piscolas o hamburguesas invernales. Entonces hacemos el esfuerzo y entonces sacamos la barra de granola y nos critican por comer “menos que mina”.

… pero igual les pido perdón. Lo hago no por macabeo, sino porque honesta y sinceramente pienso que somos incapaces de comprenderlas. Pero no es nuestra culpa. Tal vez nos falta su sensibilidad, su sexto sentido, su qué se yo. Ese gen extra que las hace irresistibles. Aún cuando no las entendamos….

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