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11.09.2010

Ni de venus ni cabronas

*Ganadora del Concurso Blogueras 2010 Dentro de lo feminista que resulta hablar de temas de mujeres, además excluir lo que le pasa a los hombres es injusto ¿o no? Hay que asumir que ellos también lloran y sufren, también cometen errores en las cosas del corazón, son fríos y calculadores, a veces; intensos y románticos […]

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*Ganadora del Concurso Blogueras 2010

Dentro de lo feminista que resulta hablar de temas de mujeres, además excluir lo que le pasa a los hombres es injusto ¿o no? Hay que asumir que ellos también lloran y sufren, también cometen errores en las cosas del corazón, son fríos y calculadores, a veces; intensos y románticos en otras oportunidades y sobre todo…aman, y aman hasta el dolor más desgarrador.

Tengo claro que no sirve de consuelo para ninguna que esté pasando por una ruptura el saber que ellos lloran por amor, pero muchas han tenido un hermano que pasó por el rechazo de una “arpía” a la que quisimos matar por mala persona y también vimos a nuestros amigos ahogar las penas en alcohol y cometer actos de “figuración autodestructiva”, sin consuelo, y –seamos honestas– a muchas de nosotras alguien quiso olvidarnos con rabia después de un No final.

Leí todas las respuestas de mi post anterior “las solteras del nuevo milenio” y concluí que a pesar de las tristezas del amor y de que a veces sufrimos, odiamos, rompemos fotos, quemamos cartas y lanzamos por el balcón el cd que te lo recuerda, junto con las flores secas que en algún libro guardas, el motor común siempre fue y sigue siendo el amor, y mientras sigamos creyendo en él, no importará cuánto esperemos por él o qué perfectas lleguemos a ser cuando aparezca, porque cuando está frente a ti y el corazón en vez de hacer “bum bum” te hace “cri…cri” entonces, siéntate y míralo de frente, porque se viene “weno”.

Yo ya entendí qué es lo que hace sufrir más a las mujeres cuando una ruptura las hiere y es esa sensación “exorcizante” de que uno está pasándolo mal y viviendo la etapa del “luto amoroso”, que es cuando una dice, “¡no! se murió para mí” y de una manera que ni el Vaticano aceptaría, de pronto los resucitamos para darles una segunda o tercera oportunidad. Ellos vuelven a fallar con alguna cosilla, que por muy chica que sea, nosotras la encontramos fatal, y adivinen ¿qué hacemos? lo volvemos a enterrar… y esta vez ¡vivo!

Claro que ellos no se dan por aludidos y lo pasan regio, tienen una facilidad digna de estudio científico de reconstruir sus vidas o demostrar lo bien que lo están pasando sin nosotras, mientras que en casa estamos releyendo sus mails y cartas, buscando entre líneas alguna señal que nos diga cómo es posible que se recupere tan rápido, entonces no me amaba! Pero no es tan así.

La mayoría de los hombres a veces también sufre, y podríamos decir que en tiempo, el cálculo es directamente proporcional a lo que les tomó concretar algo serio con nosotras. Pero el tema no es quién sufre más o quién amó menos, lo que realmente vale es la posibilidad de recuperarse, cerrar los ciclos como corresponde, hablar, aclarar, recordar las cosas que nos hicieron felices, tanto a hombres como a mujeres y armarse de valor para que al pasar el tiempo (que ojalá sea tan corto como el que se toman ellos) nos atrevamos a empezar nuevamente, sin trancas y todas esas cosas que le soltamos –al primer copete– al pobre gallo que se nos acercó.

¿Qué pasa entonces? Después de hartos libros de autoayuda, cuestiones de Marte y de Venus, algunas cabronas, algo de espiritismo, un par de canciones de Shakira y un estudio de la OEA tengo mi propia respuesta al por qué las mujeres en pleno 2010 son tan negadas al amor, sobre todo mientras más profesionales y autosuficientes son. No es que le tengan miedo o no crean en el amor verdadero …Sólo que ahora amamos diferente.

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