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07.01.2011

Agotada? Necesitas decretar!

No sé si a alguien más le pasa, pero yo hace como un mes que ando destruida. Me cuesta kilos hacer las cosas, a ratos me sentaría a llorar en las escaleras sin razón. No tengo depresión, pero sí la certeza de que me falta la energía, es como si me hubieran estrujado. Al comienzo […]

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No sé si a alguien más le pasa, pero yo hace como un mes que ando destruida. Me cuesta kilos hacer las cosas, a ratos me sentaría a llorar en las escaleras sin razón. No tengo depresión, pero sí la certeza de que me falta la energía, es como si me hubieran estrujado. Al comienzo pensé que esto pasaría, que era hormonal, algo de mina. Pero con los días esto no se pasa, está ahí, me vigila como un enemigo al acecho. Otro detalle que me ha sorprendido es que me pillo constantemente con las manos cerradas, como si quisiera pegarle un combo a alguien (ayer le pregunté por Twitter al experto de lenguaje corporal @RHollman qué significaba y me aconsejó vacaciones urgentes :S). No ando densa, pero sí raja. Lo único que me motiva es subirme a mi bicicleta, fijarme a sus pedales y sentir que dejo una energía muy potente entre los cerros de Colina, que me apapachan con encanto. Todo esto se juntó con el hecho de haberme ido a hacer una mamografía –más por copuchenta que por algo médico– y en vez de demorarme 20 minutos, me tuvieron 2 horas y media porque “hay una masa extraña que la especialista nos pide aclarar”. Me tuvieron, literalmente, dos días sintiendo que tal vez tenía cáncer.
Hasta que ayer, como la sensación no cesa, me senté, me fumé un cigarro mentolado de esos que dicen hacen pésimo, recordé mis sublimes horas de terapia con el sicólogo Manuel Díaz, y me conecté conmigo y me dije: “misma, qué cresta nos pasa?”. Y de repente empecé a sentir que lo que sucede es que hay mil cosas que amaría hacer y no hago. Que vivo otra vez en automático, apreté el botón de velocidad crucero. Vi mi fondo de pantalla del computador y con asombró vi que aún estaba el incienso que simbolizaba mi anhelo de viajar a India, cosa que ya hice… o sea, había renovado mis sueños… Muero por irme de vacaciones, pero debo esperar los planes de mi marido… ya no soy la mujer libre que se conectaba y se preguntaba dónde, cómo y con quién quería salir por unas semanas… También descubrí que mi playlist hace tiempo que no sufría un upgrade y que la música que hay pasó de ser mi favorita a darme lata de escuchar (por estos días James Blunt y su Stay the Night me motivan en extremo). Vi mi pelo con frizz y entendí que no hacerme la famosa keratina me consumía energía, porque sin frizz me siento más power, me cuesta menos secarme el pelo en la mañana y la sesión de belleza matinal se acorta a un tiempo récord mínimo…
Entre medio, mi ahora marido me planteó la posibilidad de acompañarlo un fin de semana completo a Curicó a ver a sus tías y primos. No tengo nada contra ellos, al contrario, nos tenemos gran cariño mutuo, pero la idea me superaba, era una cosa más que sentí que me proponían y me succionaba la energía, sólo me dieron ganas de mirarlo y llorar a gritos (¿se imaginan la escena? ¡De película!). Así es que no le contesté, sólo salió de mi boca un tímido: “mmm, puede ser”. Y a los días le dije que si queríamos durar 30 o más años casados debíamos hacer aquellas cosas que nos hicieran feliz y que a mí ese paseo no me motivaba el corazón, no me aportaría. Que fuera él, lo pasara regio, y me permitiera a mí irme a Viña donde mis tías del alma, dos viejas fascinantes con las que converso mil veces del mismo tema tomando helado, con las que camino bajo las palmeras recordando los tiempos pasados de veranos en Olmué y con quienes recargo pilas de manera mágica.
Tuve la maravillosa suerte que este hombre encantado me mirara y dijera “qué buena idea!”. No hubo un “qué van a decir mis tías”, ni nada, sólo la certeza de que nos casamos para ser felices, que juntos estamos encantados de la vida costruida, pero que no por eso dejaremos de hacer lo que cada uno quiere sentir en la vida.
A esto agréguenle una comida de esas de antología que tuvimos con mi mejor amiga (Alejandra Medina, gran blogera de Cosmo, y su marido Polo. El miércoles estuvimos en mi casa y en mi fascinante terraza –que ayer una amiga me dijo que estar ahí era como estar de vacaciones en Bali ;)– Polo contó cómo él pasó de vivir para trabajar, a proponerse el 2010 ser alguien feliz. Y su clave era hacer aquellas cosas que sabemos, nos hacen bien.
Así los hechos, percibo que a las mujeres la energía se nos va por la incapacidad de decretar en ciertas instancias claves. Decretar lo que queremos vivir, sentir, gozar y sufrir. Sí, estoy de acuerdo en que hay cosas que no podemos sentenciar porque no están en nuestras manos, pero todo el resto –que es la amplia mayoría– si es posible cortar.
Por lo tanto, si te sientes medio depre, con la energía por el suelo, siéntate contigo misma, habla ridículamente en segunda y tercera persona y descubre qué quieres vivir y que por andar en piloto automático se te pasa. Y decreta.
Yo he decretado que me iré, ya sea sola, con marido, o madre y abuela, al hotel Llao LLao en Bariloche, diez días, antes del 10 de marzo. En auto, para gozar esa sensación de lejanía que el avión jamás regalará. Me dedicaré a nadar, a dejarme acunar por el lago y las montañas, a escribir, leer el bestseller Dos Chicas en Shangai (Lisa See), trotar entre los campos de arrayanes, hacer tour de mountain bike y dejarme llevar por el sueño y el movimiento.
También decreté que este fin de semana llamaré a Eduardo para que sepa que llegué bien a Viña del Mar y desconectaré la blackberry hasta el domingo en la noche. Y que me dedicaré a gozar lo que está ahí, lo que veo y lo que percibo en vivo. Que trotaré por la playa de Viña y cada paso será consciente, con el vientre apretado y trataré de no pensar en nada más que en lo fascinante que le hace a mi cuerpo el olor a mar y la niñez construida frente a ese océano.
Otra cosa que hice por mí fue inscribirme en la Maratón de Santiago, el 3 de abril. Todos los años veo por televisión ese enjambre humano que se larga a correr por esta ciudad y digo “el próximo año voy, debe ser increíble”. Y nunca lo hacía. Ahora vi el aviso que se abrieron las inscripciones y dije “hoy tengo la salud necesaria, el minuto es HOY”. Llamé a mi padre, le propuse la idea y a pesar de que al principio colapsó porque jura que a sus 63 años no lo logrará, cuando le llegó el email de confirmación gritaba de felicidad. De sólo pensar en entrenarnos juntos nos llenamos de una emoción que estoy segura, atesoraré toda la vida.
La keratina es un hecho para la próxima semana, no puede ser que cosas como el frizz me chupen energía. Hay que asumir que uno es mina y a las minas el frizz tiene la potencia de destruirles el instante.
Y todo porque al final, si supieras que mañana te vas a morir, ¿harías lo que estás a punto de hacer hoy? Sé que a veces no lo podemos elegir, pero créanme que de sólo pensar en todo lo que he decidido por mi bien mental, me cambió la vibra.
Qué te hace falta decretar? Recuerda que si no decretas, no llega. O si no, pregúntale a mi fondo de pantalla con el mítico Llao Llao.
Great weekend! Full energy!
xoxo

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