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05.05.2011

Conoce tus límites

¿Te ha pasado que te exiges tanto en tu trabajo que llega un punto en que no puedes hacer nada más que colapsar? ¿O dejaste pasar los descarados coqueteos de tu novio con otras mujeres, sólo porque otros decían “que era un buen hombre” y que “no seas exagerada”? A mí me ha pasado. Bueno, […]

Conoce tus límites

¿Te ha pasado que te exiges tanto en tu trabajo que llega un punto en que no puedes hacer nada más que colapsar? ¿O dejaste pasar los descarados coqueteos de tu novio con otras mujeres, sólo porque otros decían “que era un buen hombre” y que “no seas exagerada”? A mí me ha pasado. Bueno, lo del novio no, pero sí lo de la sobreexigencia. Me he puesto exceso de trabajo y estudio sobre los hombros, saturación de emociones sobre el corazón (¿por qué a mí? ¿cómo pueden ser tan crueles? ¡No es mi culpa! soy una mala hija, una desconsiderada…) y desórdenes en el cuerpo por culpa de nervios y sueño intranquilo.
Por suerte, fui capaz de ponerme un gigante signo STOP enfrente de los ojos. Lo admito, no ha sido fácil. Pero por lo mismo, cuando ves que tu vida va cambiando y que finalmente puedes enfrentar todo lo que te sucede con positivismo y esperanza, el esfuerzo vale la pena. Sigo poniéndome STOPS constantemente en mis formas de actuar y en mi verborrea mental que me hace mal. Al principio eran algo así: “Ay, no, tengo que hacer este trabajo para el próximo viernes, pero el jueves tengo una prueba, entonces..” STOP. “Puede que mi mamá se enoje si le digo que no a su invitación a almorzar, pero es que prefiero quedarme en mi casa…” STOP. “No tengo tiempo para nada siento ganas de llorar…” STOP. Y ahora van más o menos por aquí: “Ay, no, tengo que hacer este trabajo para el próximo…” STOP.  “Puede que mi mamá se enoje si le digo que no…” STOP. “No tengo tiempo…” STOP.
Fue entonces que me percaté de lo liberador que es conocer y respetar tus propios límites. Que no está bien aceptar cosas que no me parecen bien, decir que sí por agradar a otros, quedarme estudiando hasta las dos de la mañana cuando al otro día me siento pésimo o darle rienda suelta a un blah blah blah dañino en mi mente.
Dependía de mí el tomarme la vida con más calma. Por eso, con mucho trabajo y fuerza interior me puse a mí primero sin ser arrogante. Aprendí a prestar atención a las señales que me da mi cuerpo cuando está cansado (mis ojos me molestan o mi estómago está intranquilo) y a las que me da mi mente (agobio, distracción, angustia) y darme tiempo. Comprendí que no tengo que volverme loca para rendir bien en mi trabajo y que no tengo que sufrir esperando la aceptación de mis padres. Mis límites son míos propios, y es probable que no sean los mismos para ti o para tu amiga. Y eso está bien. Quizás para mi prima esté bien que su pololo coquetee descaradamente con otras mujeres, pero para ti no. Debes aprender a respetar lo que tu corazón y mente piden, siempre con una sana cuota de flexibilidad, claro está 😉

Les deseo a todas un gran día, donde puedan detenerse, escuchar las señales y definir límites.
Andrea

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