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16.06.2011

¿Te lees la suerte?

Nunca he sido de las que cree mucho en el esoterismo, aunque confieso haberme leído la suerte un par de veces. La primera vez fue cuando estaba en cuarto medio. Una amiga de mi mama me leyó el Tarot, me dijo mil cosas que al momento no me hacían sentido, pero que pasado unos meses, […]

¿Te lees la suerte?

Nunca he sido de las que cree mucho en el esoterismo, aunque confieso haberme leído la suerte un par de veces. La primera vez fue cuando estaba en cuarto medio. Una amiga de mi mama me leyó el Tarot, me dijo mil cosas que al momento no me hacían sentido, pero que pasado unos meses, a sorpresa mía y de mi poca creencia, se fueron cumpliendo. Me dijo que yo era una mujer viajera que no le gustaba estar fija en un lugar terrenal y que la vida me llevaría por muchos lugares. Me dijo que entraría a la universidad a la carrera que quería, que me sentiría muy a gusto y que a los meses de comenzar, conocería a un viajero del signo piscis. Que seríamos como almas gemelas pero que no sería un amor eterno ya que esa eternidad ya la habíamos vivido juntos en una vida anterior. Que mi destino estaba junto a otro viajero, pero géminis y que sería médico o ingeniero. ¡Pasó todo! Con el viajero géminis-ingeniero incluido, que hoy es mi marido. ¿Increíble? ¿Sugestión? ¿Predisposición? No lo sé, pero fue tal cual me lo dijo. Nunca más me leí la suerte hasta que pasaron casi 10 años y en Miami una amiga me comentó de una Señora que era increíble y que no leía el Tarot, si no que te miraba y te contaba lo que veía. Le di mil vueltas antes de animarme a ir. No creía mucho, pero a los meses, 4 amigas más me la comentaron y me dijeron que creyera o no, tenía que conocerla. Así que bueno, la curiosidad que siempre he tenido me ganó y ahí terminé, manejando por la Collins Avenue en Miami Beach hasta su casa.
Me abrió la puerta y me preguntó si sabía que tenía un alma gitana y que mi destino era caminar por el mundo. Me sorprendió, ya que ni siquiera le había dicho “Hola”. Entré a su casa, que era ultra normal, sin nada que me indicara brujerías o esoterismos. Nos sentamos en la terraza mirando el mar y me tomó la mano y comenzó a decirme cosas que nunca imagine que alguien que no conocía supiera. Me dejó sin habla. Me dijo que mi abuela siempre estaba conmigo y que me mandaba a decir que ella siempre se acordaba de cuando nos comíamos los chocolates y los helados a escondida las dos. ¿Cómo supo? Si era algo que sólo sabíamos mi abuela y yo. Me corrían las lágrimas de la emoción. Siguió con mil cosas más, todo al detalle y muy acertado. Salí de su casa casi levitando. No me lo podía creer. Me habían dicho que era buena, pero eso no es ser buena, eso es ser especial. Me subí al auto sin hablar, muy hacia adentro, pensando y tratando de digerir lo que había experimentado. Al rato, llamé a mi marido y le conté todo. El también se quedó para adentro. Por la noche comentamos hasta muy tarde la experiencia y me tranquilicé y me dejé llevar por la creencia de que hay gente que tiene capacidades que salen de lo común y eso nos haces descolocarnos y generar rechazo.
Desde esa vez nunca más me he visto la suerte.
No me interesa saber qué me traerá el mañana. Prefiero construirlo día a día con mi esfuerzo, mi corazón y mi cabeza.
No me niego a la existencia, pero prefiero no saber para no condicionar mi actuar o justificar mis acciones.
¿Se han leído alguna vez la suerte? El Tarot, el café, las caracolas o lo que sea?
Yo por ahora paso, pero también dejo las puertas abiertas a que algún día lo repita. La verdad es que confío más en el poder de la mente para lograr lo que se quiere o salir delante de las dificultades. Lamentablemente hay mucha gente falsa que nos hace dudar. Quizás si no hubieran tantos charlatanes creeríamos mas.
Un beso a todas y si hay alguna experta en el tema, espero su visión.
Saludos desde un soleado Madrid,
Ale
@AleMedinaR

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