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27.07.2011

Sello K: Prusenmún

Mi papá siempre tiene la razón. No me pregunten cómo lo hace, pero el hombre raramente se equivoca. Hace tiempo sospecho que su mayor defecto es su más potente virtud: una mezcla, en igual cantidad, de prudencia con sentido común. Algo así como “prusenmún” . En mis días de grata juventud siempre me sentí superior […]

Sello K: Prusenmún

Mi papá siempre tiene la razón. No me pregunten cómo lo hace, pero el hombre raramente se equivoca. Hace tiempo sospecho que su mayor defecto es su más potente virtud: una mezcla, en igual cantidad, de prudencia con sentido común. Algo así como “prusenmún” . En mis días de grata juventud siempre me sentí superior en la toma de decisiones, que si seguía mi entusiasmo y mis pasiones siempre me iría bien. La realidad nunca estuvo cerca de eso. Literalmente.

Cuando mis decisiones comenzaron a no tener los resultados que yo esperaba, podía leer en sus ojos “te lo dije”. Y me enfurecía, no con él, conmigo mismo… y bueno, un poco con él. También le discutía el por qué él estaba equivocado y siempre buscaba una forma de convencerlo de que mi visión, por ser más apasionada, era más válida. Que justamente porque carecía de “prusenmún” era emocional, sentimental e intelectualmente superior a la suya.

Ya en mis veintitantos había asumido que mi progenitor era un maestro de las decisiones a los dilemas que la vida te presentaba. Así que ya dejé de preguntar, pero seguía tomando la vida por los cachos y siguiendo el camino oscuro y tenebroso en vez del que tenía las miguitas de pan de Hansel y Gretel. ¡No quería seguir la ruta que estaba demarcada por enormes señaléticas que decían “RUTA QUE TOMARÍA PAPÁ”! Porque significaba que no podía ser original, el camino correcto ya estaba aplanado, trabajado y despejado. Cero gracia.

Pero ya entrando a los” grandes 30”, a los “si no has logrado mucho es porque es poco”, a las puertas de “si no eres adulto ahora, difícilmente lo serás” creo que lo estoy entendiendo. Tuve la suerte de tener un papá con “prusenmún” incluido y eso significa que ya tenía una etapa ganada, superada. Porque el “prusenmún” se lo ganó dejando desastre tras desastre, y a mí me lo habían servido en bandeja. Lo que muchos entienden por porrazo propio a mí me lo dieron envuelto en papel de regalo. Y ya no es rabia, no es una lata, sino que un agradecimiento de entender el “prusenmún” y de aplicarlo a la vida. Porque para qué abrir camino cuando puedo seguir el de Hansel y Gretel tranquilamente. Con la claridad de que sé que es la ruta correcta, la gracia es que puedo ir corriendo, caminando, saltando, haciendo pausas. El “prusenmún” de mi papá se convirtió en el motor. Pero yo decido cuánta pata le meto al acelerador.

La idea es no gastar energía innecesariamente cuando la vida nos presenta una decisión difícil que tomar. Sólo saquen el frasquito de “prusenmún”, una cucharada sopera y concéntrate en ponerle pino al camino. Que otro se pegue el porrazo abriendo nuevos caminos… que lo llevarán a la misma meta.

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