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28.09.2011

Sello K: un sueño diferente

Soñé que un familiar moría. Ese tipo de sueños que te despiertas sollozando y que aún sabiendo que sólo fue un mal rato alejado de la realidad continúas llorando porque la tristeza es máxima. El sólo hecho de recordar ese universo paralelo te angustia y te emociona. Abrí los ojos y agradecí que nada fuese […]

Sello K: un sueño diferente

Soñé que un familiar moría. Ese tipo de sueños que te despiertas sollozando y que aún sabiendo que sólo fue un mal rato alejado de la realidad continúas llorando porque la tristeza es máxima. El sólo hecho de recordar ese universo paralelo te angustia y te emociona. Abrí los ojos y agradecí que nada fuese verdad. Esa persona seguía allí. Viva y coleando. La llamé y le conté (en parte para que no se cumpliera el sueño). También le dije cuánto la quería, la amaba, la necesitaba. Porque la muerte es así. Definitiva. Y no sabemos cuándo nos visitará.

Me dijo que no me preocupara. Que si algún día la tragedia tocara su puerta diera el mensaje que desde donde estuviera, el deseo es que todos estuvieran felices y que no pusieran sus vidas en pausa por su partida. Y pensé que quiero lo mismo. Siempre pensamos en los que quedamos acá. Pero si yo muriera no quisiera ver a mi familia congelar sus planes porque yo ya no estoy. Muy por el contrario, que mi adiós será una ola de energía para que mis sobrinos crecieran y fueran profesionales, papás, mamás, tías, tíos, abuelitas y abuelitos.

Que mi muerte no fuese sinónimo de un desvío del torrente natural del destino. Que los sueños siguiesen existiendo y que se cumplieran. Sí. La muerte puede ser una invitada sin aviso, pero al menos podemos reservarle un asiento a nuestra pinta. Se los digo ahora, y me imagino que ustedes también querrán dejar sus mensajes. Si me voy repentinamente celebren lo que dimos en vida. Las risas que regalamos, las tonteras que cometimos y los arrumacos que nos dimos.

La única forma de torcer a la muerte es si en los almuerzos domingueros tenemos 3 minutos de existencia mientras quienes amamos recuerdan escenas de nuestras vidas. Cada vez que ellos digan “¿te acordai?”.

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