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23.02.2012

Mi amigo gay: y ahora quién es el llorón?

Nada mejor para amenizar el regreso a la pega que una cita al cine con Camilo. ¿Película? “No sé cómo ella lo hace” con Sarah Jessica Parker. Ahí estábamos los dos comprando nuestro pack de palomitas saladas pequeño, no más mediano para nosotros debido a kilitos ganados durante las vacaciones, y conversando sobre la supuesta […]

Mi amigo gay: y ahora quién es el llorón?

Nada mejor para amenizar el regreso a la pega que una cita al cine con Camilo. ¿Película? “No sé cómo ella lo hace” con Sarah Jessica Parker. Ahí estábamos los dos comprando nuestro pack de palomitas saladas pequeño, no más mediano para nosotros debido a kilitos ganados durante las vacaciones, y conversando sobre la supuesta comedia que iríamos a ver. Supuesta sí, porque uno de los dos terminó con ojos hinchados, cara de “pateada”, después de la película. ¿Se imaginan quién fue?

Vi el trailer de este film hace tiempo y quedamos inmediatamente de acuerdo en que iríamos al regreso de mis días libres. Se veía entretenida y con Sarah Jessica Parker qué puede salir mal, buen reparto y en dos ciudades que, particularmente amo, Nueva York y Boston. Además, a Camilo le fascina el eterno guapetón Pierce Brosman, así que…a verla se ha dicho.

Empezó la película, Camilo me mira y me dice: “por suerte es comedia”. Camilo es el típico llorón que molesta en el cine. Llora por todo, felicidad, emoción, romance, muerte, lo que sea. Y hace ruido, no pasa piola, y lo comenta en voz alta. “Es que pobrecitoooooo”, “que emociónnn fueron felices para siempre”, “miraaaaa, encontraron a su perro”. Terrible, se emociona demasiado al nivel de haberme visto obligada a cambiarme de asiento en ciertas ocasiones. Sin embargo, como era “comedia” ambos estábamos tranquilos.

Por otro lado, yo no lloro mucho con las películas, sólo cuando los personajes no tienen papás, ya sea parte de la historia de los personajes o se queden sin padres durante el film. ¿Freak no? Pero una película sobre una mujer casada, profesional exitosa, con dos hijos, un marido maravilloso y capaz de llevar su casa, el trabajo y la familia bien al mismo tiempo, no parecía un panorama “llorable”. O por lo menos eso creíamos.

No les miento que a la media hora de película comencé a sentir las lágrimas caer por mi cara. Y no piolamente, caían y caían. Algo que se fue intensificando a medida que se desarrollaba la historia. Camilo desesperado trataba de deducir por qué lloraba y, sin filtro como siempre, me decía “Sol, feliz lloro contigo amiga…pero por qué cr@#$6 lloras”. Y yo con un suspiro por segundo y las lágrimas opacando mi vista, no podía explicarle porque de verdad no sabía. Lo peor de todo era que Camilo subía su tono a medida que su desesperación por mi llanto aumentaba y además lo estresaba que no le diera un motivo. Entonces recurrió, cual papá, a consolarme. “Pero mira Soooool está viajando a NY, donde tú viviste” y yo: “Noooooo, yo quiero volveeeeer, tengo una foto ahí, en ese parque hicimos un pic nic”. Después, “mira mira la secretaria va a tener un hijo”, y yo: “pero no tiene papaaaaaa”. Y entre todo el ataque me dio risa que no parara, era como si hubiese tenido algo guardado hace mil y en ese momento me desahogué, de algo que aún no sé, y no paré más hasta los créditos.

A Camilo le dio risa mi ataque de llanto mezclado con la carcajada que yo trataba de disimular. La gente, gracias a Dios, no nos dijo nada…al parecer lloraba piolamente. Terminó la película y yo dispuesta a pararme fui detenida por mi amigo. “Sol, o sea, tu cachai que tenemos que esperar a que todos salgan, te mueres la cara de “pateada” que tiene”. Cara de pateadaaaa…no tengo ni un perro que me ladre, y esa cara tengo?? En ese momento rompí en risa, 1 segundo después Camilo también.

Es que a ver…quién se preocupa de la cara después de llorar en el cine?? Sólo Camilo. Busqué mi espejo y horror, de verdad parecía como si me hubiesen mandado a volar hace dos minutos. Un mal de las que tenemos la piel full blanca, todo nos irrita y mis ojos me ardían, además de estar hinchados a morir. Por suerte, Camilo, y su kit de spuervivencia que lleva a todas partes, me salvaron…gotitas para los ojos . Una en cada ojo y podía salir a la luz pública de nuevo.

Me fue a dejar y cuando cierro la puerta del auto, baja la ventana y me grita delante de la gente y a viva voz…”amiga, no te preocupes ya no parece que te hubiesen pateado”. Gracias, ahora mi conserje me mira con cara de pena.

en Twitter @solehott

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