Cerrar
Email WhatsApp Compartido por 0 personas
04.04.2012

El rincón de la novia: La Roca

Chicas le damos la bienvenida a Carolina con El rincón de la novia, donde nos irá contando paso a paso y detalle a detalle desde “la roca” hasta el gran día del matrimonio soñado. Cosas de novia, las dudas, los nervios, los preparativos, el vestido! y mucho más. Aquí les dejamos su primera columna. A […]

El rincón de la novia: La Roca

Chicas le damos la bienvenida a Carolina con El rincón de la novia, donde nos irá contando paso a paso y detalle a detalle desde “la roca” hasta el gran día del matrimonio soñado. Cosas de novia, las dudas, los nervios, los preparativos, el vestido! y mucho más. Aquí les dejamos su primera columna.

A que mujer no se le ha pasado por la cabeza cómo será el día en que su pololo le pida matrimonio, interrogantes como ¿dónde?, ¿cómo lo hará? o ¿en qué momento?, son una serie de preguntas que más de alguna vez se nos han venido a la mente.

Yo por mi parte, varias veces me lo pregunté y no porque anduviera con el vestido de novia en la cartera, (varios me molestaban con eso) sino más bien porque la mayoría de los que conozco se casaban!!!, entonces a cada fiesta o carrete que llegaba tenía que escuchar cómo le pidió matrimonio Pepito a Juanita y claramente, tras oír unas 15 pedidas de matrimonio, era imposible no pensar en cómo sería la mía.

Confieso que nunca imaginé algo fuera de lo común, más bien mi posible escenario siempre fue algo sencillo, lindo, pero por sobre todo romántico…

Era 25 de diciembre… Navidad. Me levanté muy temprano porque mi pololo me pasaría a buscar para pasar el día juntos y hacer nuestro intercambio de regalos. Cuando lo vi, lo primero que hice fue pasarle el regalito que había comprado para él, pero sorpresa!!!, no recibí nada a cambio… en ese momento no le di mayor importancia y como pasaríamos todo el día juntos era como lógico que después me entregaría alguna cosita.

A medida que el día avanzó, olvidé el asunto del regalo, pero de un momento a otro lo recordé y pensé que no habría nada. Me molesté un poco, porque puchaaaa no se trata de ser interesada, pero es como obvio que para estas fechas tu pololo piense en ti y te regalonee con alguna cosita por más insignificante que sea… así que le hice la pregunta toda patuda: ¿amor, de verdad no me tienes un regalito?

Me miró serio y me dijo: “Sorry amorcito pero no tuve tiempo para comprarte algo” y agregó “pero hace tiempo quieres ir a las dunas así que ese será tu regalo”. Era verdad, yo vivo en Viña y hace tiempo, le había pedido ir a las dunas para ver la puesta de sol, pero noooo, ¿Cómo ese iba a ser mi regalo de Navidad?! En ese momento me puse idiota y pensé que más que algo material me dolía el hecho de que él no hubiera pensado en mí, esos detalles que para los hombres pueden ser tonteras, pero que para nosotras son los DETALLES que pueden cambiar absolutamente todo.

En fin, me subí al auto y partimos camino a las dunas. En el trayecto conversamos varias cosas, pero sí, lo reconozco, estaba enojada.  Me llamaba la atención que él estuviera tan tranquilo y no se diera cuenta. Me preguntaba: ¿amor qué te pasa?, ¿estás enojadita?…“no me pasa nada amor, nada”…

Llegamos al lugar y comencé con una serie de excusas para no subir, mi pololo hizo lo que pudo para convencer a la cabra chica en la cual me convertí por esos momentos, pero yo siempre en mi postura de taimada me mantuve firme hasta el final.

Entonces, como no hubo nada más que hacer, decidimos regresar a mi casa. En el camino me di cuenta de que manejaba triste y también de que había sido súper pesada. Entonces, le propuse volver a las dichosas dunas, pero él orgulloso y molesto con justa razón me contestó: “Noooo, nunca más volveremos a las dunas”,  traté de decirle unas cuentas cosas más, pero el ambiente no era el mejor.

Después de unos minutos y a medida que nos acercábamos a mi casa, logré sacarle una sonrisa, así que comenzamos a bromear. El asunto estaba zanjado, no había regalo y ya me daba lo mismo, al igual que mi detalle, lo importante era que estábamos juntos.

Al llegar al estacionamiento me pidió que guardará sus lentes de sol y al hacerlo encontré un regalito… comprenderán que me sentí podrida, la mujer más mala del mundo porque a pesar de que ya lo habíamos conversado, había hecho un absurdo show por nada, pero mi impresión fue mayor ya que a medida que iba sacando los papeles en el cual estaba envuelto, “mi algo”, se hacia más y más pequeño, hasta que él me lo quitó de las manos, me miró emocionado y al momento de abrir la caja me dijo: “¿te quieres casar conmigo?”.

Ahí estaba él, frente a mis ojos, y el momento que había imaginado tantas veces había sucedido. Estaba emocionada e impresionada, pero también pensaba en lo tonta que había sido al arruinar la pedida de matrimonio que él había preparado para mí, todo por mi famoso detalle! Pero en fin, ahora me queda claro que a veces estas pequeñitas cosas que queremos recibir por parte de nuestros pololos o maridos no son tan importantes y que si bien mi pedida de matrimonio no fue tan romántica como lo había pensado, para mí siempre será la más linda y hermosa porque fue la manera en que el hombre que amo me pidió matrimonio.

-¡¡¡¡Sí acepto!!!!

Y…… ¿Cómo fue la tuya?

También puede interesarte

Comenta este post

cerrar