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05.04.2012

Mi amigo gay: Polos opuestos se atraen…

Que los polos opuestos se atraen es un hecho, es más, una teoría del físico Faraday plasmada después por un tal Maxwell. No importa el nombre, el punto es que cuando de electromagnetismo hablamos, aludiendo a los polos, nuestro cuerpo es una máquina electromagnética en su totalidad. De ahí que se aplique directamente a nosotros […]

Mi amigo gay: Polos opuestos se atraen…

Que los polos opuestos se atraen es un hecho, es más, una teoría del físico Faraday plasmada después por un tal Maxwell. No importa el nombre, el punto es que cuando de electromagnetismo hablamos, aludiendo a los polos, nuestro cuerpo es una máquina electromagnética en su totalidad. De ahí que se aplique directamente a nosotros y a nuestras relaciones personales.

Con las parejas siempre pasa. Cuando te ven peleando con tu pololo, no falta la tía que dice “ay si polos opuestos se atraen” o si estás recién conociendo a alguien y discuten todo el tiempo, ahí está el amigo que dice “sigan peleando y van a terminar pololeando, dicen que polos opuestos se atraen”. Y es verdad, por cosas del destino negativo y positivo se gustan, y el blanco con el negro se buscan. Simple no? Y me he dado cuenta que lo mismo pasa con otro tipo de relaciones, como con los amigos. Al final es más un complemento que un polo opuesto, lo que me falta a mí lo tiene el otro, y viceversa…la frase podría ser quizás “polos complementarios se atraen”.

Camilo y yo somos un claro ejemplo de eso. No podemos ser más diferentes porque no nacimos antes. Es que por donde nos miren no van a encontrar nada igual, pensamientos, gustos, formas de pensar, de actuar, etc. Nada. Pero en conjunto funcionamos de maravilla. Mil veces nos han dicho “yo no entiendo cómo son amigos”. Pero al parecer, nos complementamos.

Si yo digo blanco, él dice negro. A mí me gusta Diane Keaton y a él Susan Sarandon, yo veo Gossip Girl y el Games of Thrones (reconozco que me está gustando), yo amo el verano y el es fan número 1 del otoño. Me gusta la música de moda, cebolla, cursi, todo tipo, y a él sólo electrónica, le apestan mis días nostálgicos de éxitos del pasado.

Minetras yo vivo de la tecnología y la conectividad, Camilo tira lejos mi iPhone si se lo paso. No tiene Twitter y su Facebook es más privado que la embajada de Estados Unidos. No pasa la Coca light y yo no tolero la normal. Mi clóset es un desastre y Camilo tiene las cosas ordenadas por color, grita y alaraquea por todo, mientras que yo paso por episodios de dispersamiento a tal punto que no escucho, algo que colapsa a Camilo, pero de a poco ha ido entendiendo y ya no está “Sol,…sol……soooool”. Ahora siemplemente dice: “tú y tus episodios”. Jajaja.

Yo amo trotar, mientras que Camilo come pizza de la caja y se cansa sólo de mirarme ponerme las zapatillas. Estoy enamorada de New York y él se iría a vivir mañana a India. Pero así nos llevamos, y sí que nos llevamos. Yo perdiendo mi paciencia rápidamente, me llevó excelente con quien es capaz de decirme “Sol, respira y cuenta hasta 10”. Camilo con sus ataques de “no filtro”, en que quiere decirle a todo el mundo lo que piensa de ellos funciona a la perfección con mi control tipo mamá “córtala, no eres quien para decirle eso, no te metas”. Obvio que con moderación, a veces hay que explotar con la intolerancia y otras es mejor decir lo que se piensa por más cruel que pueda ser. Pero así mismo nos complementamos, nos conocemos y nos controlamos.

Esto es sólo un ejemplo de lo que pasa con un pololo, y que también ocurre con los mejores amigos. Y en ese tira y afloja de puntos opuestos, se logra el equilibrio perfecto, y la relación se alimenta de esas diferencias. No es que tengamos que ser diferentes, sino más bien complementarios.

En esas discuciones infértiles de las que sólo se aprende más sobre el otro, Camilo siempre me dice lo mismo “amiga no estoy de acuerdo contigo, pero te quiero igual o inlcuso más”.

 

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