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31.08.2012

Volver a los 15 en Baires

A las 4.40 AM sonó mi celular. Era la Josefa avisando que ya estaba en la puerta de mi casa para partir rumbo Buenos Aires. Camino al aeropuerto yo chequeaba por Blackberry Messenger que la Cony y la Manuela, que tenían vuelo unos minutos antes, estuvieran ‘on time’, y la noche anterior había chateado con […]

Volver a los 15 en Baires

A las 4.40 AM sonó mi celular. Era la Josefa avisando que ya estaba en la puerta de mi casa para partir rumbo Buenos Aires. Camino al aeropuerto yo chequeaba por Blackberry Messenger que la Cony y la Manuela, que tenían vuelo unos minutos antes, estuvieran ‘on time’, y la noche anterior había chateado con la Amanda, que partía desde Uruguay. Todo iba sobre ruedas.

Buenos Aires nos recibió con días soleados, aunque fríos. Ahí estábamos las 5,  aplanando las calles boanaerenses. Puerto Madero, Palermo Soho (donde casi morí con las tiendas), Palermo Hollywood, La Recoleta, Buenos Aires Desing, San Telmo… en fin. En un par de días hicimos maravillas, comimos increíble, caminamos hasta el dolor de pantorrillas, nos reímos a morir y comprobamos porqué somos amigas después de casi 30 años. Las anécdotas fueron muchas, demasiadas tal vez para contarlas, aunque ellas insistían una y otra vez, en que esto o aquello había que ponerlo en la columna. Lejos son las más entusiastas con estas entregas de los viernes.

Pero por ahí en algún rincón de San Telmo, me quedé un poco más atrás y las miré. Cambian los cuerpos, las caras ya no son tan jóvenes y a veces nos duelen cosas… pero la escencia es la misma. La Josefa de carácter fuerte, directa, que habla sin rodeos, con una enorme capacidad de reírse de sí misma y enorme sensibilidad… en el colegio todas esas cualidades le valieron ser líder, ahora le han permitido seguir caminando cuando el sendero se ha puesto pedregoso, y no saben cómo. La Cony dice que le hacemos bulling porque mide menos de 1.60 mts, asunto que ya era tema en Primero Medio, sobre todo porque a ella le encantaba pololear con los de 1.90 mts. Eso no ha cambiado. Lo que sí con los años nos ha demostrado que se ha hecho grande en muchos aspectos, porque a pesar de que partió tras su marido a vivir a otro país y nunca trabajó, a su vuelta supo reinventarse, al punto que decidió ser soltera otra vez y se preparó hasta llegar a niveles gerenciales. ¡Imagínense si hubiera sido alta!

Manuela siempre fue de las “tranquilas-prendidas”, acompañante inseparable de la Josefa, capaz de decir los garabatos más grandes pero con compostura, solidaria, gran profesora de vocación, capaz de reírse de sí misma; no obstante, lo que más amo de ella es que llora con todo: de pena, emoción y de risa, con corrida de rimel y todo. Y está la Amanda…. que se ríe con todo, pero que cuenta poco. Siempre fue así… desde que se paseaba por los pasillos del colegio con un tejido en la mano… y aunque ella no lo crea es una luchadora y una sobreviviente. Ha seguido al marido por varios países, lo que además de mundo, le ha dado una capacidad de adapatación impresionante; y ahora sin importar el qué dirán volvió a la Universidad para seguir una pasión escondida: la sicología. Mirar sus ojos brillar de la risa en este viaje… no tiene precio… el resto ella lo puede comprar con Mastercard.

Y estoy  yo… siento que de las 5 he sido la que más ha cambiado. La que tenía más cartas bajo la manga sin siquiera tener conciencia de que ahí estaban. Que me he dado una vuelta de carnero para llegar a ser la que soy. Sin embargo, es demasiado egocéntrico hablar de una misma… sólo confesaré que en este viaje mis amigas se percataron de que puedo ser increíblemente pendeja y taimada sobre todo cuando tengo hambre, jajaja. ¿o no?

En la vida siempre hay una esencia que nos acompaña, que no abandona. Descubrirla es parte del encanto de la vida.

>Si quieres reguirme por Twitter @Paula_Aviles

 

 

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