Cerrar
Email WhatsApp Compartido por 0 personas
14.11.2011

Diario de una Viajera: un día muy especial

Ya llevo unos días al otro lado del mundo y he hecho una cantidad de cosas increíbles!!! Estuve en Sydney casi 3 días donde simplemente no dejé de caminar, yo creo que caminé unas 10 horas diarias! Parando sólo a sacar fotos! Todo precioso, caminar por Darling Harbour, ver el Opera House, el Sydney Harbour […]

Diario de una Viajera: un día muy especial

Ya llevo unos días al otro lado del mundo y he hecho una cantidad de cosas increíbles!!! Estuve en Sydney casi 3 días donde simplemente no dejé de caminar, yo creo que caminé unas 10 horas diarias! Parando sólo a sacar fotos! Todo precioso, caminar por Darling Harbour, ver el Opera House, el Sydney Harbour Bridge, subir la Sydney Tower, caminar por los jardines, ver millones de pececitos de colores demasiado lindos, tiburones y mantarrayas en el acuario, y desde koalas y canguros hasta leones y elefantes en el zoológico. Simplemente no podía dejar de pensar “no puedo creer que estoy acá”.

Lejos una de las mejores cosas en Sydney fue haber subido el Sydney Harbour Bridge de noche, es increíble la vista de la ciudad llena de luces desde allá arriba.

Después de Sydney vine a Queenstown, en Nueva Zelanda, donde tuve el primer “mal” rato del viaje; me pararon en aduanas porque como iba a estar acá tan poco tiempo, sólo 5 días, me consideraron “sospechosa” y quisieron revisar absolutamente todo lo que traía, así que estuve como 2 horas viendo cómo sacaban todas las cosas de mi mochila y las pasaban por máquinas que les decían supuestamente si habían estado en contacto con drogas o armas o algo de ese estilo. Afortunadamente no pasó nada y pude llegar a esta ciudad que sólo se puede calificar de “preciosa”. Por aquí grabaron El Señor de los Anillos, así que de ese estilo son los paisajes.

Y bueno, Queenstown aparte de los paisajes preciosos es más que nada para hacer deportes extremos así que claramente me lancé en paracaídas y en bungee. El bungee más alto del mundo dicen por acá, 143 metros de altura con poco más de 8 segundos de caída libre.

Antes de llegar al ítem paracaídas, les voy a contar el que ha sido lejos el mejor día hasta ahora. Me desperté por primera vez desde que salí de Sudamérica después de las 6 de la mañana. Así que feliz por estar acostumbrándome al cambio de horario me di un premio y después de la ducha me fui al Starbucks a tomar un rico café.

A las 12.20 tenía que estar en la tienda de NZone para el salto en paracaídas así que caminé por la ciudad el resto de la mañana hasta esa hora. En el local se juntaron varias personas que iban a saltar, entre ellos un grupo de italianos y un par de amigos de Alemania, con los que estuve las casi 3 horas que duró todo el proceso. Nos dieron ahí las charlas para introducirnos a lo que íbamos a hacer, y de ahí todos a una van que nos llevaba al lugar del salto.

Llegamos allá y estuvimos esperando harto rato mientras veíamos otras personas que saltaban, disfrutando el paisaje (lago y montañas) y conversábamos entre nosotros acerca de qué era lo que nos llevaba a saltar de un avión. Finalmente llegó mi turno, me pasaron un traje especial, casco, lentes, me pusieron todo el equipo necesario, me presentaron al que iba a saltar conmigo y al que iba a ir grabando toda la experiencia. Cuando ya todo estuvo listo, me subieron al avión con otras varias personas y partimos.

Primero saltaron algunas personas que se tiraron desde 12.000 pies de altura y después seguimos subiendo hasta los 15.000 pies, donde nos tiramos los que quedábamos. La caída es la mejor sensación del mundo. Ese minuto de caída libre valió la pena lo caro del salto, y más todavía cuando miraba para abajo y veía montañas verdes y un lago azul precioso iluminados por el sol del único día soleado de la semana en Queenstown. Si me pagaran por tirarme en paracaídas o por hacer algún tipo de deportes extremos o cosas adrenalínicas desde distintos lugares sería la más feliz del mundo!! (paso el dato, por si alguien conoce algún trabajo así, para que me diga!).

Después del salto, con un sentimiento impresionante de todavía seguir en las nubes, nos trajeron de nuevo a Queenstown. Me puse a caminar de nuevo y llegué al Skyline, así que subí a la cima para admirar de nuevo desde las alturas los lindos paisajes. Bajé y me di cuenta que no había comido nada. Así que fui por su clásico “fish & chips” y después para bajar la comida seguí caminando hasta que me tropecé con un tipo tocando piano a las orillas del lago en una especie de paseo peatonal. Me senté a escucharlo, a mirar como tocaba, y sin darme cuenta deben haber pasado 2-3 horas, porque cuando terminó de tocar ya se estaba escondiendo el sol, me había hipnotizado con sus canciones, había estado todo ese rato mirando el agua, los patos y las personas que pasaban caminando.

Había estado horas sólo escuchando el piano y siendo consciente de todo lo que estaba pasando a mi alrededor, el mejor sentimiento, completamente distinto al que había tenido en la mañana! Así que ese fue el final de mi día perfecto, con 2 episodios increíblemente distintos, pero igualmente significativos. Creo que me enamoré de esta ciudad.

Comenta este post

cerrar