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10.08.2012

Cocina ven a mí

Domingo 14:00 horas. Orgullosa, la Cony lleva su plato estrella a la mesa, donde al menos unos 10 comensales esperan ávidos  su exquisita lasaña, hecha a mano… sí señoras, con la masa hecha en casa. Veo la cara feliz de todos al probar el primer bocado y la Cony hincha el pecho, casi más feliz […]

Cocina ven a mí

Domingo 14:00 horas. Orgullosa, la Cony lleva su plato estrella a la mesa, donde al menos unos 10 comensales esperan ávidos  su exquisita lasaña, hecha a mano… sí señoras, con la masa hecha en casa. Veo la cara feliz de todos al probar el primer bocado y la Cony hincha el pecho, casi más feliz que ellos. En ese instante envidié el entusiasmo y disposición de mi amiga. Yo hacía años que había tirado la esponja en la cocina, no por mala mano, sino creo que decidí que las ollas y yo no teníamos empatía. Y entonces resonaron las palabras de mi sicóloga: “Siendo una persona tan creativa, qué extraño que no te guste cocinar”. Recuerdo haberme encogido de hombros en señal de que efectivamente no había espacio para la cocina en mi vida.

Por esos días llegó una periodista a trabajar conmigo, una chica que era una versión con pollera de Anthony Bourdain. Cada lunes me contaba detalladamente lo que había cocinado junto a su novio el fin de semana. La conversación iba del aceite de oliva a las texturas y sellados de carne sobre el sarten; y entre receta y receta me traspasaba lo bien que lo pasaban y cómo ese amor crecía en medio del aroma de las especias. fue cuando comencé a salir con alguien a quien seducía la buena comida, sabiendo el valioso dato pedí la receta de los filetes al vino tinto y me lancé a cocinar impulsada por el deseo de sorprender a ese sibarita. Aunque lloré picando cebolla, pasé susto con que la carne se me pasara de punto y la ansiedad de no olvidar nada en la mesa, fue como volver a la esencia. Y entonces recordé a la chica que era a los 14, a esa que le gustaba hacer queques y cuanto pastel dulce se le cruzara por delante para la delicia de su familia. ¡Sí! A mí me gustaba cocinar, sin embargo lo había borrado de mi vida hasta ese instante. Si el romance resultó o no me lo guardo, pero la cara de felicidad de ese hombre no la olvidaré jamás.

Ahora, tengo dos hombres más que cocinan conmigo los fines de semana: mis dos hijos que disfrutan cada combinación exótica que se me ocurre y son los mejores ayudantes y jueces. Nuestra vieja cocina se convirtió en uno de los mejores lugares de la casa y donde entre sal, pimienta, merkén y ajo, intentamos ser una familia feliz.

Espero que esta historia las haya  inspirado de verdad y quiero invitarlas para que compartan en este blog cuál es su mejor historia o anécdota en la cocina. Entre los comentarios sortearemos un set de maravillosas ollas Future Ilko (precio ref $100.000) y 2 premios más de sartén wok con tapa y sartén grill! A escribir y cocinar!

>PARA VER los premios ILKO

Si quieres seguirme por Twitter @Paula_Aviles

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