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06.11.2012

Baúl del recuerdo: casita de muñecas

“Mamá, estoy aburrida”, la respuesta inmediata era “vayan a jugar a la casita de muñecas”. Simple y fácil, siempre recomendable y cumplía el objetivo…horas y horas de entretención interminable y muy variada. Y es que en la casita de muñecas se podía hacer de todo ¿no encnuentran? Era como un mini mundo paralelo, un universo […]

Baúl del recuerdo: casita de muñecas

“Mamá, estoy aburrida”, la respuesta inmediata era “vayan a jugar a la casita de muñecas”. Simple y fácil, siempre recomendable y cumplía el objetivo…horas y horas de entretención interminable y muy variada. Y es que en la casita de muñecas se podía hacer de todo ¿no encnuentran? Era como un mini mundo paralelo, un universo mágico personal o el país de Alicia en las maravillas más local digamos.

Les quedé debiendo el Baúl del recuerdo de la semana, por cosas de rutina y traspapeleos de feriado se me olvidó publicarlo pero el tema lo tenía pensado y no pude evitar comentarlo con ustedes hoy. Es que de verdad cada vez que vuelvo a mi casa y veo la casita a lo lejos, hoy convertida en camarín de piscina, pienso en todas las tardes de verano, mañanas de invierno y fines de semana en ess lugar jugando a lo que quisiéramos con mis dos hermanas.

Claramente no siempre jugamos a las mamás con guaguas, curiosamente éramos 3, todas madres solteras, en una casa de dos ambientes…pero a esa edad a quién le importa? Hoy sería un problema, partiendo por la existencia del supuesto padre. Pero también pasamos por etapas de clínica, unas eran doctoras y la otra secretaria…o siemplemente todas secretarias, no sé por qué nos gustaba tanto ser secretaria.

Hicimos restaurant, hotel, clínica veterinaria, departamento de solteras, escuelita y casa de té. El mejor invitado a la hora del té era nuestro querido y eterno jardinero, quien se sentaba en la mini silla y tomaba agua caliente con rosa de mosqueta en una mini taza de plástico, comía los pancitos hechos en el mini horno a leña y conversaba con las tres enanas. Gran valor y paciencia del caballero hay que decirlo.

Tuvimos otros intentos culinarios, tipo orgánico, debo decir que fuimos visionarias al cocinar tortillas de tierra con flores, varios chef del estilo serían una alpargata al lado de nosotras.

En fin, uno era parte de esa casita, cuando entrabas daba lo mismo si afuera llovía o hacía calor. Te preocupabas de limpiarla, cerrar la puerta, lavar los vidrios y ordenar, pero era de forma divertida. Muchas cosas ocurren dentro de una casita de muñecas y las historias se guardan eternamente.

¿A ustedes no les pasa? ¿Qué recuerdo tienen de sus casitas de muñecas?

Ojalá les haya gustado el Baúl del recuerdo de la semana olvidada!

@solehott

 

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